EXPOSICIÓN
EL MONTE DE LAS ÁNFORAS
Monte Testaccio (Roma)

Università di Roma "La Sapienza"

Exposición en Roma realizada por el
Dipartimento di Scienze della Terra

Organizadores: F. Burragato, O. Grubessi.

Universitat de Barcelona

Exposición WWW Internet realizada por
C.E.I.P.A.C.

Organizador: J. Remesal.

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Català, Italiano, English

 Presentación

Conferencia inaugural: miércoles 15 de enero de 1997, a las 16.00 horas, Aula Magna (Univ. di Roma "La Sapienza").
Prof. Dr. José Remesal Rodríguez
(Universitat de Barcelona)
remesal@trivium.gh.ub.es

 

"La contribución del Monte Testaccio al conocimiento del la economía romana en el período imperial"

Magnifico Rector, Excelentísimo señor embajador de España en Roma, señoras y señores,


Es para mi un honor representar, en esta ocasión, al grupo italo-español que, bajo la dirección del Prof. Blázquez Martínez, realiza las excavaciones y los estudios sobre el Monte Testaccio.
Quisiera traer a colación un texto de Miguel de Cervantes, quien en su novela "El licenciado vidriera", la historia de aquel estudioso que se creía de cristal, hace decir a su personaje:
"¿Que me queréis, muchachos porfiados como moscas, sucios como chinches, atrevidos como pulgas? ¿Soy yo por ventura el Monte Testaccio de Roma, para que me tiráis tantos tiestos y tejas?"
La visión cervantina del monte Testaccio coincidía con la tradición popular romana. Para los romanos de la época de Cervantes, el Testaccio era un basurero donde se habían arrojado las ánforas que habían llegado a Roma, procedentes de todas las provincias del Imperio romano, conteniendo los productos pagados como tributos. Así este basurero era una muestra del orgullo y poder de la Roma antigua.
Posiblemente, gracias a esta idea, se nos ha conservado el monte, que, según la documentación conocida, perteneció, desde antiguo al pueblo romano, que llegó a defenderlo imponiendo, incluso, pena de ser enviado a galeras a los que sacaran tiestos del monte.
La tradición popular tenía razón sólo en parte, ciertamente allí estaban las vasijas que habían traído tributos a Roma, pero procedían, casi todas, de una única provincia, la Bética (actual Andalucía, España), y contenían un sólo producto, aceite de oliva.
El Testaccio, hasta el ultimo cuarto del siglo XIX, había sido un punto de encuentro del pueblo romano, en la Edad Media se llevaron a cabo fiestas de carnaval y durante largo tiempo, por su semejanza con el Calvario, se efectuó un vía crucis, que aún una cruz en la cima del monte recuerda. Desde el siglo XVI se venían construyendo en sus laderas cuevas para guardar vino, pues el monte mantenía una frescura particular. La abundancia de bodegas ayudó a mantener el carácter lúdico del lugar, celebrándose aquí fiestas y romerías hasta que sus alrededores fueron urbanizados a finales del siglo XIX.


El Testaccio visto desde la vertiente occidental.

Los eruditos romanos sabían que en el Testaccio aparecían, frecuentemente, asas de ánforas con marcas impresas antes de la cochura del vaso. En la segunda mitad del siglo XIX el padre Bruzza se había interesado por estos materiales, formando una colección como ya había hecho Marini.
Cuando Mommsen organiza el Corpus Inscriptionum latinarum (CIL) encomienda a uno de sus alumnos, Henrich Dressel, el estudio del Instrumentum domesticum de Roma, razón por la que empieza a ocuparse del Monte Testaccio y sus sellos. La fortuna le sonríe y, un día de lluvia, que le sorprende trabajando en el monte, le permite descubrir que sobre aquellos tejos húmedos se veían unas inscripciones pintadas con tinta negra. Inscripciones que Dresssel supo leer y descifrar. Ese día el Testaccio dejó de ser un basurero para convertirse en un archivo. Un archivo sin estanterías, sin secciones, sin orden aparente.
El desciframiento de las inscripciones pintadas sobre las ánforas permitió a Dressel asegurar que venían de la Bética, que en estas inscripciones, además de hacerse constar la tara y el contenido neto de las ánforas, se hacía constar unos nombres que Dressel consideró que representaban al propietario del aceite envasado, y que mas tarde otros documentos epigráficos demostraron que se trataba del nombre de los comerciantes y transportistas, y un complejo control fiscal en el que se hacía constar la data consular en la que se expidió el ánfora.
Así pues, estos datos convertían al monte en el mayor archivo de carácter económico del imperio romano, con la particularidad de que encerraba una información puntual y precisa sobre el comercio de uno de los alimentos fundamentales de la dieta alimentaria mediterránea: el aceite de oliva.
Dressel publicó sus trabajos en el volumen XV del CIL a finales del siglo pasado afirmando, que de los olvidados fragmentos de ánfora del monte Testaccio, nacía una nueva luz para el conocimiento del mundo romano. Durante muchos años nadie volvió a ocuparse de este archivo. En 1972 Rodríguez Almeida publicó un nuevo trabajo que volvía a poner de actualidad del monte. Por las mismas fechas M. Ponsich retomaba los trabajos que G. Bonsor, contemporáneo de Dressel, había iniciado en la Bética.


Heinrich Dressel.


Georges Bonsor.

El descubrimiento de Dressel revolucionó cuanto se sabía sobre la economía romana, pero no adquirió relevancia hasta que, casi un siglo después, empezaron a ponerse en contacto sus investigaciones en Roma con las que, al mismo tiempo, había realizado George Bonsor en la Bética.
La conjunción de estos trabajos hizo inderogable la realización de nuevas excavaciones arqueológicas en el Monte.
Después de largos preparativos, a partir de1989 un equipo conjunto de las universidades de Madrid y Barcelona, en colaboración con el Dipartamento di Scienze della Terra de la Universidad de Roma, se ocupa de las excavaciones del monte Testaccio.


Visita a la excavación de la Excma. Sra. Embajadora de España en Roma.
De izquierda a derecha: Prof. J.Mª. Blázquez Martínez (Univ. Madrid, Director de la excavación),
al fondo Prof. B. Toro (Univ. di Roma, responsable investigación arqueométrica),
Sr. C. Aragón (Agregado Cultural de España en Roma),
Sra. Rico Godoy (Embajadora),
Prof. O. Grubessi (Univ. Roma, responsable investigación arqueométrica),
Prof. J. Remesal Rodríguez (Univ. Barcelona, Codirector de la excavación)
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Basta hojear cualquier diario de nuestros días para ver que el mundo actual se divide entre aquellos que disponen de suficientes recursos alimentarios y aquellos a los que le faltan.
La Unión Económica Europea, tiene entre sus principales problemas el control de la producción y la redistribución de los alimentos, al interior de si misma y al exterior de ella, en cuanto que los países del tercer mundo, por ejemplo, pagan la adquisición de material industrial con materias primas y productos agrícolas, condicionando, directamente, la política agraria europea.
En este sentido, el estudio de cómo el Imperio romano resolvió sus problemas de avituallamiento es particularmente interesante. El Imperio romano, que controló un espacio más amplio que el que actualmente ocupa la Unión Europea, creó una unidad política, un orden legislativo superior - las leyes romanas - una economía integrada y una lengua franca: el latín. Características que constituyen actualmente las máximas aspiraciones de la Unión Europea.
Sería impropio comparar el sistema económico moderno con el antiguo, dos elementos fundamentales los separan: la rapidez de las comunicaciones y el abaratamiento de los costes de trasporte. Sin duda es interesante, tanto para una persona culta como para el ciudadano medio, conocer cómo un sistema cultural, que está a la base del nuestro, con todas las dificultades que se le presentaron en su tiempo, resolvió estos problemas. El conocimiento de estos hechos históricos, aunque no ofrezcan soluciones directas transferibles a nuestro mundo actual, ayudan a conocer y comprender un factor determinante de nuestra historia.
Augusto valoró perfectamente la importancia política del control del aprovisionamiento de la ciudad de Roma y del Ejército y fue por tal motivo, que creando la Praefectura annonae, asumió bajo su control la producción del grano de Egipto y del aceite de la Bética. Hoy como ayer, la actuación del Estado en la vida económica es uno de los elementos fundamentales en la evolución del sistema político; hoy como ayer, la decisión sobre la vida económica no es per se económica, sino fundamentalmente política.
Si bien Dressel llamó a los fragmentos de ánforas del Testaccio "minucias epigráficas", las abundantes noticias que éstos contienen han abierto nuevas perspectivas sobre la historia del comercio y de la producción alimentaria del Imperio romano, sobre el tipo de control que el gobierno central ha ejercido sobre la periferia y la influencia política que la periferia tuvo en el desarrollo del Estado romano.

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